Consiste en crear bajo la piel una malla de hilos para, por sí misma y por la fibrosis que se constituye en torno a ellos, proporcionar a la piel el soporte, la textura y la tensión perdida con los años. En el caso de los hilos de oro, además genera una reacción inflamatoria específica a su alrededor con producción masiva de fibras de colágeno y elastina propias, y fibrosis cicatricial.

Está indicado en una disminución moderada del tono y la elasticidad de los tejidos faciales, con pérdida del contorno facial (óvalo de la cara) y descenso de los pómulos. Con la misma finalidad puede utilizarse para el tratamiento de la flacidez del tejido del cuello, escote, brazos, muslos y glúteos.

Se utiliza oro totalmente puro (24 quilates) y extraordinariamente fino (0,1 milímetro de diámetro) e hilos sintéticos: permanentes y reabsorbibles. La elección de unos u otros dependerá de cada caso.

No es necesario sutura ni vendaje alguno. Se resuelve en una única sesión para la totalidad de la zona a tratar.

Como inconveniente podemos mencionar la aparición de un pequeño hematoma que puede ocultarse con maquillaje y que tardará pocos días en desaparecer.

Los resultados definitivos se obtienen de entre 3 a 6 meses, período necesario para producirse y constituirse el tejido fibroso, al que hemos aludido anteriormente, y que es básico para la obtención del tono y la elasticidad cutánea deseados.

Es un tratamiento muy eficaz si la indicación es correcta.

Si la flacidez ya ha superado unos ciertos límites habría que recurrir a un lifting quirúrgico. Aun así, si se opta por la implantación de hilos tensores se obtendrá, en todos los casos, una mejoría notable del aspecto cutáneo, por la neoformación de colágeno y elastina.